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SOCIEDAD DE TASACION
Publicado el 28-11-2018

urbanismo sostenible

 

El pasado 22 de octubre, el Comité de Gestión Empresarial del Instituto de la Ingeniería de España organizaba la jornada Gestionando el Valor de la Empresa en la que se debate sobre la importancia y la necesidad de saber valorar un negocio más allá de sus activos inmuebles.

Siempre que se da una reunión de ingenieros, vuelan las chanzas sobre las capacidades inegenieriles puras, su nivel de cuadrícula mental o la excesiva preparación para según qué funciones que les toque desempeñar… lo que está claro, y sobre esto no cabe ninguna duda, es que los ingenieros demuestran sentido del humor y de la autocrítica… una capacidad nada irrelevante en el mundo de la gestión empresarial.

Es sabido que la formación del ingeniero es muy completa en el sentido técnico, por ello son requeridos en el mundo de la empresa para posiciones que, sobre el papel, poco tienen que ver con sus estudios, pero flojea, tal vez, en el sentido académico-financiero, por lo que, tradicionalmente, completan su preparación con diversos masters, posgrados, etc.  

El valor de la empresa y su gestión

Cuando hablamos de valoración de empresas, como es lógico, estamos valorando algo más que la sede, el inmobiliario, o sus reservas o activos tangibles. Hablamos del know-how, de su equipo humano y directivo, su cultura… y evidentemente, hay que saber de qué estamos hablando. Muchos ingenieros que hoy lideran empresas de los más diversos sectores, han tenido que aprender, con la fuerza de la experiencia, el verdadero valor de la gestión, del valor como herramienta eficiente, factible y casi insustituible, para dirigir un proyecto. Efectivamente, cuando diriges un negocio, como mínimo tienes el conocimiento de tu negocio, y eres el líder del equipo; pero además de esos conocimientos/capacidades es fundamental conocer las fuentes de financiación que, por supuesto, no se limitan al banco de la esquina y a invitar a un cafelito al apoderado de la sucursal: hay otras soluciones, que un ingeniero, o cualquiera que dirija un negocio, debe conocer.

Porque la empresa no es lo mismo que los inmuebles que posee. Ni su maquinaria. Ni siquiera sus bienes de producción. La empresa son las personas que están en ella. Tiene una cultura y una herencia que hay que respetar. Y eso es una obligación del directivo. Un buen gestor debe saber cómo gestionar y valorar eso. Y si en un consejo de administración sus miembros son socialmente responsables a título individual, la empresa también lo será. Y todas esas cosas, la cultura, la herencia, la responsabilidad social y el compromiso de los directivos con esos valores forman parte, y no una parte menor, del valor de una empresa.

Los principios de la valoración de una empresa

Una empresa puede valorarse por lo que tiene, por lo que produce y por otros intangibles que generan valor para la empresa. El conocimiento de estos generadores de valor es fundamental y no todo directivo puede tenerlo. Por eso, el saber quién puede valorar una empresa es algo importante y hay quizá demasiadas personas que se arrogan esa capacidad o ese derecho: economistas, abogados, ingenieros... Hay una falta de regulación sobre quiénes son los profesionales adecuados. En España existe el Instituto Español De Analistas Financieros, que trata de centrar esta controversia, pero el conocimiento de la forma en que esos diferentes criterios que comentábamos antes combinan y suman, es lo que un tasador profesional puede aportar al negocio. 

Valorar es un proceso tan complejo que hay quien lo define como un arte. En el sentido de que una valoración no es la aplicación de criterios numéricos puros, un producto del Excel, sino una apreciación mensurable, sí, pero con un cierto grado de subjetividad, que dará como resultado una cifra, un número que, bajo una apariencia de sencillez, esconde grandes dosis de complejidad. De hecho, un mismo negocio valorado por tres buenos profesionales de la valoración, es posible que obtenga tres tasaciones similares… pero seguramente no idénticas.

Necio es aquel que confunde valor con precio (Antonio Machado)

El primer problema que suele darse en una valoración es confundir valor y precio. La valoración va a intentar poner un marco para el cual, a posteriori, el mercado defina un precio. Y diremos que un mercado es eficiente cuando coinciden la valoración y el precio y es tanto más ineficiente cuanto más se alejen. El hecho de convertir esta habilidad en una profesión, va a depender de nuestra capacidad de detectar esas ineficiencias. De que ser capaces de abordar una metodología que permita determinar un valor independientemente de la referencia de precio que tengamos.

Porque, entre otras cosas, el valor de una empresa no es estático. Cambia con el tiempo. Y además cambia con el criterio de los valoradores: si todos valoráramos igual, no existiría la bolsa, el mercado. En realidad, un valorador nos dará un marco, un terreno de juego para la negociación, y será ésta, verbi gratia el mercado, quien defina el precio.

En tres conceptos, diríamos que una empresa vale 1) lo que es, 2) lo que será y 3) su oportunidad de estar de moda.

En cuanto a lo que es, una empresa vale lo que fundamenta su valor. Su valor contable, sí, pero también lo que llamamos valor contable ajustado, que corrige ciertas magnitudes para obtener valores próximos al mercado.

¿Y lo que será…? Lógicamente no se trata de un estudio de intenciones, ni de los sueños de grandeza de los visionarios de todo a cien, sino de proyecciones financieras, de expectativa, de la capacidad de esa empresa para generar futuro: Proyecciones financieras, perspectivas de la compañía, información, sus curvas de crecimiento, riesgo, rentabilidad… También entra en juego un nuevo concepto, el Valor Sostenible: la consideración de qué aporta la empresa a la sociedad y al planeta. 

En tercer lugar… la Moda: ¿cómo se gestiona? La primera tentación del tasador es prescindir de este criterio tan poco objetivable, tan caprichoso. Pero la Moda no debe tomarse por un criterio por acientífico. Se usan Métodos de Múltiplos Comparables, valorando empresas en función de lo que suponemos que es la media de las que son como ellas. 

Desde una perspectiva externa, el exterior de la empresa objeto de la valoración, su entorno, es importante en la valoración de un negocio. No vale lo mismo una misma empresa en Silicon Valley que en Albacete.

Cómo gestionar la valoración: el “banco” inesperado

Las crisis, y su advenimiento, se predicen maravillosamente a posteriori… pero las maneras de salir de las crisis son definitorias del momento financiero al que dan lugar. De esta última crisis, salimos gracias a las políticas expansivas de los mercados centrales. Esta fórmula puso en circulación enormes masas de dinero en manos de fondos de capital-riesgo, de inversión, de ahorro, de pensiones, etc.

Aunque todos queremos meter nuestro dinero en inversiones rentables y no arriesgados, lo cual es casi imposible, existen grandes masas de dinero extramuros de los bancos tradicionales buscando lugares donde aposentarse y, como se leía en la Biblia, crecer y multiplicarse. Por lo tanto, el hecho de que exista un negocio, digamos, saneado y limpio, tiene un valor intrínseco que lo hace atractivo para esta nueva tipología de inversores.

Efectivamente, el mundo no se acaba en el banco. Hoy estos inversores institucionales, ofrecen dinero a más precio (más interés), pero asumiendo mayores riesgos, compartiendo el riesgo a cambio de rentabilidad. Este inversor valora al directivo que conoce su empresa, está preparado y comprometido con ella. Estas masas de dinero están buscando situaciones para invertir, para la creación de valor en un futuro. Y estar preparado a responder preguntas que exceden la lógica empresarial de antaño. De hecho, se dice que hay más dinero que ejecutivos capaces de aprovecharlo.

Y… se acabó el pedir perdón por pedir dinero.

 



Escrito por el equipo de ST Sociedad de Tasación
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