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SOCIEDAD DE TASACION
Publicado el 10-11-2011

Ausencia de rascacielos en BarcelonaInmersos en plena crisis inmobiliaria y con la certeza, cada vez más, de que aquellos tiempos nunca volverán, el skyline de Barcelona desde Collserola es descaradamente horizontal y la ausencia de rascacielos causa extrañeza en una de las metrópolis más grandes del Mediterráneo.

En primer lugar conviene definir “rascacielos”: una edificación que alcanza una altura superior a 150 metros. Hay varias teorías que explican la falta de torres en la Ciudad Condal, algunas referidas al sentimiento de los barceloneses, otras responden a soluciones técnicas y también están las que pretenden respetar los grandes símbolos de la urbe.

Técnicamente, el suelo de Barcelona no resiste tan bien la construcción como por el ejemplo el de Madrid. La construcción del Hotel Arts, 154 metros, en 1992, en la misma arena de la playa no planteaba problemas si no se llegaba a los 250 metros. Por encima de esa altura el hotel debería haber sido construido con una estructura diferente y de mayor coste, no era imposible, pero se optó por no elevarlo.

Por otro lado, los rascacielos en el Mediterráneo tienen mala fama. Roma, Atenas, Valencia, Sevilla no tienen. Sin embargo, Nueva York, Londres, Hong Kong y Madrid, sí. Algunos sociólogos van más allá y apuntan al género de la ciudad: las ciudades femeninas no aceptan los rascacielos, las masculinas sí.

Si estudiamos el caso de Barcelona, parece evidente que los arquitectos pactaron no superar los 150 metros cuando la Barcelona olímpica nació en 1992 y cuando la Diagonal llegó al mar en el 2004 en plena euforia inmobiliaria. Aún así, los rascacielos construidos en estas áreas son tan solo discretos. La Torre Agbar tiene 144 metros; el último premio de arquitectura, la Torre Telefónica 00 en el Forum, sólo alcanza los 110 metros, aunque su esbeltez disimule su corta estatura. Otros ejemplos como el Hotel ME y el edificio de Media PRO de Carlos Ferrater superan escasamente los 100 metros.

¿Por qué razón los arquitectos barceloneses respetan un pacto no escrito y su ego diseñador se rebela?

La razón es un mito y el respeto de toda la profesión a la teoría de Antonio Gaudí: una vez construida, no se puede superar la altura de la torre central que tendrá la Sagrada Familia de 172 metros. Esta altura no fue escogida al azar. Para no romper el skyline de la ciudad, Gaudí tomó como referencia la cima más alta de la montaña de Montjuic, 173 metros, y decidió no sobrepasar la máxima elevación creada por Dios.

El modelo que ha seguido la ciudad durante estas últimas décadas deja un perfil de la ciudad horizontal que invita a entrar, con Montjuic y con la sierra Collserola como fondo. La opinión pública lo agradece, pero también muestra con orgullo la Torre de Collserola de 289 metros, clavada por sir Norman Foster al lado del Templo de Sagnier en la cima del Tibidabo a 518 metros sobre el nivel del mar. Pero esa torre no es un rascacielos, es una antena, y el templo tampoco.

Barcelona puede dormir tranquila y en plena crisis.



Escrito por el equipo de ST Sociedad de Tasación
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