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SOCIEDAD DE TASACION
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Arquitectónica, e incluso urbanísticamente, quizá sea la del Museo de El Prado la milla museística más importante del mundo y, sin duda, es uno de los puntos clave del Madrid moderno, donde Madrid se apoya para saltar, desde la ciudad medieval a la modernidad; tal vez por eso sea una buena idea darnos este paseo por las calles de la Historia que es el Museo de El Prado y disfrutar mirando en ellas la arquitectura del mundo.

Con motivo del Bicentenario del Museo del Prado, La Fundación Amigos del Museo del Prado nos ofrece la conferencia "La arquitectura a través de las obras maestras del Prado”, impartida por Lola Martínez Ferrando, Profesora en la Fundación y Licenciada en Historia del Arte. La jornada tuvo lugar en el salón de actos de COAM y fue retransmitida en streaming por ST-TV, el canal de televisión online de ST Sociedad de Tasación.

Un marco, esta vez sí, incomparable

En efecto, El Prado es, como decía John Berger, una ciudad en sí mismo, cuyas calles atraviesan el tiempo y el espacio. Y a través de esas calles podemos asistir a la arquitectura de Madrid a través de los siglos. En la obra reconocemos a su autor, Juan de Villanueva, ese arquitecto capaz de diseñar el Prado, pensar en los empedrados de Madrid, extinguir el incendio de la Plaza Mayor y redactar las ordenanzas para modernizar la ciudad; un arquitecto modelo, comprometido con la excelencia y el Madrid Real.

Los arquitectos, desde siempre, han estado muy presentes en el Prado. Y una mente inquieta, aunque lleve 40 años recorriendo sus pasillos, descubrirá escenas distintas cada vez que se asome a una esquina... o un cuadro. La pintura, como veremos al adentrarnos en las calles de esta ciudad, se ha desarrollado unida a la arquitectura. Y en este recorrido por el museo veremos reflejadas, una en la otra, las historias inseparables de la arquitectura y la pintura.

A veces, son las mismas paredes las que te cuentan la historia, otras son el escenario donde se desarrollan acontecimientos cotidianos o históricos y otras veces, la arquitectura es la protagonista de la obra pictórica.

Un paseo por la historia de la arquitectura

Lo primero que vemos en este paseo es una pintura mural de la ermita de la Vera Cruz de Maderuelo , del siglo XII, que en 1947 se traslada a lienzo y entra a formar parte del museo. La pintura, en este momento de la historia, se adapta perfectamente al arquitectura (véase la forma semicircular, para adaptars1e al arco), a la que sirve, y cumple una doble misión: por un lado, una misión decorativa, evidente, se crea para decorar pero también, por otro lado, para divulgar las sagradas escrituras, en un momento en que la gente no sabía leer ni, por supuesto, tenía otra forma de informarse.

El siguiente momento, en el espacio de nuestro paseo, y en el tiempo de nuestra historia, es el Gótico, que abarca, visto de una forma amplia los siglos XIII, XIV y XV; impera el naturalismo, y ahora las historias se explican pintadas sobre tabla, con una novedad: la arquitectura se introduce en la pintura, tratando de aprovechar, como sea, los espacios que se nos ofrecen para contar una historia, como vemos en esta obra de Nicolás Francés, Retablo de la vida de la Virgen y de San Francisco. A pesar del naturalismo, vemos que aún no hay sentido de la proporción, pero sí tratan de darse detalles de cómo es la vida y empieza a reflejarse así la arquitectura.

A finales del siglo XV asistimos, con la aparición de la Escuela del Norte, los maestros de Flandes, a un cambio decisivo, como es el comienzo del uso del aceite, del óleo, con nuevas texturas, nuevos colores, y una nueva forma de tratar la luz. También aparece la figura del mercader, una nueva y pudiente clase social que quiere dejar testimonio de sus posesiones (sus casas, sus ropas, sus muebles…), como vemos en esta Santa Bárbara de Robert Camin, donde pueden apreciarse ricos detalles de arquitectura interior: las viguetas del techo, la chimenea, las ventanas de cristal emplomado…

La escuela de Flandes es, a la vez, realista y creativa. En el Tríptico de Memling, La Adoración de los Reyes Magos, con sus 3 momentos perfectamente definidos (nacimiento, adoración y presentación), vemos, a través de los ventanales y los huecos, cómo es la ciudad (Gante o Brujas, por ejemplo) en el momento que se pinta y por otra parte, en las propias estancias, vemos cómo es la arquitectura del momento: ese gótico que traslada la ubicación de  las escenas bíblicas a Bruselas, Gante o Brujas…. O como ocurre en algunas de las escenas que se conservan del que se supone que fue el oratorio privado de la reina Isabel Retablo de Isabel la Católica, en las que se puede vislumbrar, de fondo de algunas escenas bíblicas, la Alhambra de Granada.

En el siguiente barrio al que llegamos en nuestro paseo por el Prado, encontramos un nuevo cambio: de las escuelas del norte pasamos a las escuelas italianas donde , en cuestiones de arte, van con su Quattrocento con cierto adelanto  al resto de Europa, un periodo artístico que puede considerarse la estación de partida del Renacimiento. Aparece la perspectiva, como se ve en esta magnífica Anunciación, de Fra Angélico, donde vemos, a pesar de algunas desproporciones, bóvedas de arista y elementos como el banco, para darnos esa sensación de profundidad, merced a la perspectiva.

Uno de los artistas más importantes en el uso de esa nueva técnica, la perspectiva, es el gran Andrea Mantegna, quien en su maravilloso Tránsito de la Virgen, nos muestra esa arquitectura exterior de Mantua, perfectamente integrada en la imagen, sirviendo de fondo, y de marco, a la escena que nos cuenta. Podemos decir que se trata de la primera pintura topográfica en la que podemos apreciar una construcción existente, un puente que une la parte vieja de la ciudad con la moderna. También, podemos ver que empieza a usarse la luz, y el ajedrezado del suelo, para procurar esa sensación de profundidad

La siguiente avenida que transitaremos en nuestro paseo por el Prado, El Lavatorio, del genial Tintoretto, es una obra que tiene la facultad de cambiarle la cara a quien la contempla. Un cuadro cinético, cinematográfico, incluso, que por la perspectiva, el uso de la luz y la disposición de los personajes, parece moverse y casi obliga a moverse al espectador que quiera contemplarla. Muestra arquitecturas teatrales inventadas por Tintoretto, coherentes con su Venecia, aunque la escena transcurre en Jerusalén.

Paolo Veronese, en La disputa con los Doctores en el Templo, nos da otra lección magistral: el agua, elemento principal de Venecia, produce una luz especial, una mancha de luz maravillosa, que vemos reflejada en elementos constructivos recién inventados, como la balaustrada como remate, o los relieves; nótese que la perspectiva se consigue por acercamiento, en oposición a Tintoretto que pone el acento en la profundidad, de la arquitectura monumental.

Y llegamos al Barroco, en el s XVII… o quizá deberíamos decir los barrocos: porque no es lo mismo Rubens que Velázquez… o el gran Claudio de Lorena, con su obra El embarco de Santa Paula Romana. Aquí vemos algo extraordinario: arquitectura vista a través de la luz. Inventa esa arquitectura, aunque  de nuevo se es coherencia con los estilos y elementos constructivos que están en boga en la época . y puede decirse que, de algún modo, inicia entonces el impresionismo, pues construye (en la imaginación) una vista de ciudad casi completa, hace arquitectura a través de la luz, usándola como material constructivo.

De la misma época que Lorena, o Velázquez, es Rubens y, sin embargo, poco tienen en común. Pedro Pablo Rubens pasa una época en Génova, y allí, hace un Tratado de Arquitectura de los Palacios de  Génova, y de ahí se inspira constantemente en la arquitectura que aparece en sus obras pictóricas. Vemos buenos ejemplos de esto en su obra El Jardín del Amor, donde sobre una arquitectura imaginada, nos ofrece detalles constructivos verdaderamente magistrales.

Pero si hay un pintor que reúne arquitectura exterior e interior, ese es don Diego de Velázquez, maestro entre maestros; la novedad es que no se trata de escenas que cuentan algo, simplemente nos muestra cómo son los detalles constructivos y arquitectónicos de la época, sin otra intención.  Y para ver un ejemplo de arquitectura interior… veamos Las Meninas.

Aquí, en esta obra magistral,  más que sentirse, la arquitectura se siente. El protagonismo, en una habitación con poca luz, es el vacío, a través de la luz y el color.

 El siglo XVIII, nos recibe con una revelación inesperada: fue cuando empezaron los selfies, aunque entonces nadie los llamara así.  Se pone de moda entre la nobleza el Grand Tour, el selfie del XVIII: los grandes nobles planean grandes viajes por diferentes capitales europeas con fines educativos y aprovechan para retratarse con la arquitectura de los distintos lugares a los que van contratando artistas locales. Algo un poco más costoso y un proceso algo más lento que compartir el selfie en redes sociales, pero la idea es la misma: Certificar gráficamente que yo estuve allí. (Antonio Jolie, la visita de la reina Maria Amalia) En esta obra, Visita de la reina María Amalia de Sajonia al Arco de Trajano en Benevento, vemos a la citada visitando un paisaje arquitectónico. 

Ese viajar, tan clásico del Romanticismo, nos deja otro de los ejemplos más maravillosos de la unión de la pintura y la arquitectura: los grabados del inglés David Roberts, de asombroso detallismo (vean esta vista de La Mezquita), una colosal obra que muestra con mirada de viajero romántico el mudéjar español, un patrimonio absolutamente excepcional. 

Por fin, llegamos a Goya, el primer expresionista. El primer artista que refleja el skyline de Madrid (sin las torres de Plaza de Castilla ni Torre Picasso, por razones obvias) en La Pradera de San Isidro: vemos el Palacio Real, San Francisco el Grande, apenas insinuados por su luz, pero perfectamente reconocibles: expresionismo en estado puro.

 

Llegamos, al fin, al XIX. En 1819, El Museo del Prado, la genial obra de Villanueva, promovida por la Reina Isabel de Braganza, según la doctrina de Rousseau, quiere ayudar a educar al pueblo. Nace el Museo del Prado, acaso la mejor pinacoteca del mundo, en un edificio destinado a ser un museo de ciencias naturales.

  

Para terminar, El Bosco que, desde el 1500 y pico, adelantó de forma sorprendente la arquitectura de hoy; un estudio detallado del celebérrimo El Jardín de La Delicias, nos da alguna pista sobre dónde se inspiraron Gaudí, Utzon, Calatrava o Foster para algunas de sus ideas más innovadoras y que, desengañémonos, solo podemos llamar futuristas si se las atribuimos a El Bosco.

 



Escrito por el equipo de ST Sociedad de Tasación
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