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SOCIEDAD DE TASACION
Publicado el 26-12-2018

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En la conferencia dedicada al gran arquitecto madrileño Luis Cubillo de Arteaga (1921-2000) como parte del ciclo Maestros Modernos de la Fundación Arquitectura COAM, se realizó un perfil personal y profesional de este maestro por parte de enormes personalidades del mundo de la arquitectura. Con este ciclo, el Colegio de Arquitectos se quiere poner de manifiesto la importancia que el patrimonio arquitectónico contemporáneo tiene para la sociedad del siglo XXI, así como la necesidad de su reconocimiento social, como escalón previo e indispensable para, desde el conocimiento y reivindicación,  su posterior mantenimiento y consiguiente conservación. Cononozcamos, acaso en esbozo, su vida y obra con la ayuda de Carlos Sambricio, Ricardo Sánchez Lampreave y Eva Hurtado.

En efecto, existe una amenaza real al patrimonio arquitectónico moderno, que se encuentra objetivamente desprotegido, y esa gran amenaza se da, sobre todo, por su gran desconocimiento. Por ese desconocimiento de nuestro patrimonio no histórico, no se da esa sensación de pertenencia, que despierta nuestro instinto de protección, que es fácil tener hacia obras históricas reconocidas que han pasado a formar parte no ya del patrimonio arquitectónico, sino al patrimonio sentimental de los ciudadanos.

Un arquitecto singular… y muy plural

Luis Cubillo de Arteaga, nace en 1921, en Madrid, y aunque hoy ya hay, al menos, dos tesis dedicadas a su obra y su influencia, hasta hace poco era una figura casi desconocida. Su figura empieza a ser reconocida con la publicación del libro La Quimera Moderna (de Luis Fernández Galiano, editado por Hermann Blume, en 1990), los Poblados Dirigidos de Madrid en la arquitectura de los 50, donde se pone en valor su contribución a la vivienda social sobre todo, como reza el título en los poblados dirigidos en Madrid en los años 50, aunque la arquitectura social de Cubillo abarca un espectro más amplio, tanto espacial como temporalmente.

En el 55 empieza a trabajar en la Fundación Hogar del Empleado (Fuhem) donde contacta con otros arquitectos (Romaní, Vázquez Molezún, entre otros), con los que coincide en una serie de inquietudes e intereses, principalmente en asuntos relacionados con la vivienda social, y juntos realizan una ingente obra de indudable impacto social y profesional en los años siguientes.

En el 56, a pesar de su juventud, pero descollando ya por su innegable genio, se le encarga el diseño y la construcción del Poblado de Canillas y donde, además de viviendas, realiza obras de diverso interés social –y desde luego, arquitectónico-, como es el caso de la Iglesia de Nuestra Señora del Tránsito; mención aparte merecen, en su obra, la realización de proyectos de este tipo: iglesias modernas en poblados y barrios periféricos cuyo impacto en la fisionomía de la ciudad en las décadas los 50 y 60, y su impacto aun hoy, es de enorme importancia. Además, trabaja en diversos proyectos de obra pública como, por ejemplo, se le encarga renovar las oficinas de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad. 

También, aunque no dedica a esta actividad demasiado tiempo, durante unos años ejerce de docente  como Profesor Especial de Proyectos de quinto curso y Fin de carrera de la ETSAM, desde 1968 a 1976, compartiendo su experiencia con los afortunados alumnos que durante esos años pasaron por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid.

Su último gran proyecto de arquitectura social es de 1991, y se trata un Polígono Residencial, otro desarrollo de vivienda social en la comunidad de Madrid, esta vez fuera del municipio, y situado en la carretera de Valencia 

Luis Cubillo fallece en el 2000, ya retirado y reconocido como el gran arquitecto e innovador que fue.

Un poco de contexto

¿Cómo estaba el panorama arquitectónico y social al principio de los años 50? Socialmente, como cualquiera puede imaginar, en plena dictadura, el panorama es tirando a gris, mientras el país trata de sobreponerse al trauma social, económico y humano que ha supuesto la Guerra Civil.  En lo arquitectónico, se denostan las nuevas tendencias por no seguir la norma de la “tradición”. Como en los 40 se mira lo que se hace fuera y se referencia, por no decir que se copia descaradamente, la obra en boga en Alemania y Rusia.

Con Luis Cubillo nace, en efecto, una nueva generación, la que sentará las bases de la arquitectura moderna en España. ¿Cuáles eran sus referencias? ¿Qué libros, revistas, investigaciones leía? De hecho, es difícil decirlo hoy, debido a que su absoluta falta de vedetismo,  y de ser un profesional centrado más en su trabajo que en juegos florales o la discusión teórica, no han dejado demasiado rastro (que no sea su extensa y magnífica obra) de su propuesta conceptual. Es uno más, quizá primus inter pares, pero uno más de la nueva generación arquitectónica, y pieza fundamental en el nacimiento de la arquitectura moderna española.

De Luis Cubillo cabría decir que es un arquitecto de perfil grandioso, al mismo tiempo que una personalidad discreta, casi de perfil bajo. Para acercarnos a su complejidad, debemos aceptar primero que en los últimos 50 años, el perfil del arquitecto ha cambiado. Hoy, para pertenecer al star-system de la arquitectura, al profesional se le exige una cierta erudición, obra escrita, investigaciones publicadas, etc. El interés pasó del “qué” se hacía, al “cómo” se hacían esos edificios. Dando mayor relevancia a los procesos, colocándolos en ocasiones por delante de los productos. Todo este “ruido”, por decirlo así, distanció a la generación de arquitectos anterior de sus maestros, ya que éstos, más centrados en su trabajo que en la proyección, no eran estrellas, no escribían, no epataban, sino que se limitaban a dar clases y, por encima de todo, construían. Maestros como Cubillo y otros coetáneos, son difíciles de seguir. Deslumbra su obra pero, quizá debido a la falta de datos y referencias, el personaje podría resultar un poco decepcionante.

En concreto, Cubillo no tiene obra publicada, pero tampoco poseía un tesoro en su biblioteca: su colección tiene un tinte poco “investigativo”, y parece más el tipo de biblioteca exigua para reafirmar sus conocimientos. 

De modo que, si queremos saber más de Cubillo, debemos centrarnos en su obra. Y ahí, su maestría, su liderazgo, es deslumbrante: la historia de la modernidad madrileña se explica en los poblados periféricos y sus colonias (Canillas, Hortaleza, Almendrales…), donde Cubillo brilla y se mueve como pez en el agua; pero es también verdad que, en cuanto deja esa periferia, “desaparece” un poco de la primera línea de la arquitectura.

La obra social

La obra de Luis Cubillo ha llegado a muchas personas, antes incluso de saber que era obra de Luis Cubillo, tal era su discreción. Su obra ha emocionado a muchos profesionales de la arquitectura antes de conocer al arquitecto. Es una obra muy extensa, que va más allá de la vivienda social, pero su producción específica en este campo, resume bien su trayectoria profesional, que es ciertamente muy difícil de explicar. 

Desde 1951, que acaba la carrera con su amigo Romany, que le reclama para  La Fundación Hogar del Empleado, empieza a dar muestras de su genio creador; allí hace propuestas (algunas de las cuales no fraguan, no se llegan a construir) que sientan las bases de lo que será la vivienda social en España.

En uno de los poblados iniciáticos encargados por el Hogar del Empleado, se levanta poderoso el Bloque de Calero, en el norte de Madrid, marcando la pauta, con soluciones verdaderamente innovadoras, de lo que será en adelante el desarrollo posterior de vivienda social. Cubillo, junto a sus compañeros del FUHEM, son los primeros que tienen que “gestionar” todo el proceso: planeamiento, diseño y construcción.  Abarcar todo el proceso.

Cubillo “explota” como arquitecto en el Poblado Dirigido de Canillas, con el desarrollo social que no es solo vivienda, aunque en este proyecto había más de 1.400, sino diverso equipamiento social zonas comunes; en realidad, más que un desarrollo constructivo al uso, es toda una “creación” de ciudad, de una serie de áreas de una ciudad que no existe, y que hay que pensar partiendo de cero para, con medios mínimos, ensanchar y mejorar la vida del  colectivo (desfavorecido) que las habita. Su carrera explota, decíamos en Canillas, pero es una trayectoria muy extensa, llegando hasta la década de los 70,  con la intervención en El Gran San Blas, donde depura ese concepto/propuesta de la vivienda mínima, con sorprendentes hallazgos y soluciones en la volumetría, la agrupación de piezas… con unos resultados de un vanguardismo y una fotogenia, aun hoy inexplicables, de puro sorprendente. Cubillo demuestra una capacidad absolutamente excepcional para intuir por dónde va a ir la arquitectura.

Hay que mirar los proyectos de Cubillo tal y como –presumimos- los miraba, proyectivamente, el propio Cubillo: de una manera transversal, con una mirada que ponga en relación proyectos diversos que se hacen simultáneamente (vivienda social, vivienda privada, obra pública…) y sorprendernos al descubrir links inesperados que surgen al estudiar ese prodigioso timeline arquitectónico.

Si se hace así, el resultado, como la propia figura de Cubillo, es colosalmente interesante.

 

Ver el video del Ciclo de COAM

 

 

 

 

 

 

 



Escrito por el equipo de ST Sociedad de Tasación
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