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SOCIEDAD DE TASACION
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“ Solo el necio confunde valor y precio ” Antonio Machado. Antonio Machado no era precisamente un gurú de la economía y las finanzas pero dio con la clave que explica mejor la dificultad que existe cuando abordamos la ardua tarea de valorar una empresa. Tendemos a pensar que valorar una empresa es algo parecido a valorar un objeto, una joya, una obra de arte o un coche usado. Es decir, existen unas metodologías y unos criterios que nos llevan a un resultado objetivo, más o menos puntual, en el que además coincidirán con pequeñas diferencias, cualquiera que sea el experto que lo haga.

Pero esto no es así. Valorar una empresa es algo distinto a valorar otro tipo de bienes. De hecho, podríamos afirmar que valorar una empresa es bastante más parecido a un “arte” que una ciencia o una técnica.

Me explicaré. Si a mí me das un caballete, lienzo, pinturas, pinceles y aprendo las técnicas de la perspectiva, el color, el dibujo …en el mejor de los casos llegaré a pintar un cuadro mediocre….requerirá largos años, muchísima práctica y también un cierto don que llegue a pintar algo que realmente pueda ser considerado una obra de arte. Sin embargo, si me das un software y unos conocimientos técnicos y matemáticos adecuados, yo y cualquier persona, en muy breve tiempo seremos capaces de calcular la estructura de un puente para que no se hunda. Y además, si el puente no se hunde, lo que habremos hecho estará bien y si se hunde estará mal. No hay otra posible opción.

Es decir, cuando se trata de valorar una empresa, dos valoradores que utilicen las mismas técnicas, herramientas y métodos podrán llegar a resultados muy distintos y solo su experiencia y su “don” serán los que marquen la diferencia entre una valoración adecuada y una que no lo sea.

Valorar una empresa es difícil por varias razones, la primera es por sus distintas acepciones de valor. Es decir, el valor de una empresa no viene determinado por un solo aspecto sino por varios. Simplificándolo mucho, podríamos decir que uno de ellos es el valor de su estructura, es decir de sus activos… Pero no es el único… Esa estructura tiene una finalidad que es precisamente producir y vender productos y/o servicios y generar con ello un beneficio, hasta el final de los tiempos… Y en esto consiste la segunda acepción: en el valor de la suma de esos beneficios que la empresa es capaz de generar en el futuro…suena complicado saber esto ¿verdad?.  Lo es. Pero es que, además, hay una tercera acepción de valor para la empresa: la que proviene de su contexto, del hecho de que la empresa vale por el simple hecho de que las que son como ella, de su industria, sector o actividad, valen lo que en cada momento valgan…

La segunda razón por la que es difícil valorar una empresa es porque no se está quieta. No es una broma. El valor de la empresa depende en gran medida de las circunstancias que la rodean y afectan y estas son evidentemente cambiantes. Por lo tanto el valor de una empresa cambia en el tiempo. Esto puede parecer bastante obvio, pero explícaselo al que recomiendas comprar acciones de una empresa hoy a 12 Euros por acción porque su valor es de 15 Euros… Y lo hace… Y tres meses mas tarde le recomiendas que compre a 9 euros porque su valor es de 11 Euros.

Hay todavía una tercera razón. Cuando hemos sido capaces, si lo somos,  de determinar el valor de la empresa según estas tres acepciones, los valores obtenidos no van a coincidir. ¿Cuál es la adecuada? ¿Una de ellas? ¿Alguna de ellas? ¿La media de todas ellas? ¿De algunas de ellas? ¿Con qué pesos? …el valorador tiene que tomar una decisión al respecto porque el valor estimado para la empresa debe ser uno. A lo sumo, un rango relativamente estrecho. Es el “know how” del valorador el que determina en cada caso esta respuesta.

Y por último, haciendo referencia a la frase de Machado con la que iniciamos este artículo, toda valoración de empresa tiene como finalidad una negociación entre una parte vendedora y una parte compradora, en la que el precio  será el resultado de una negociación entre ambas. En esta negociación cada parte acudirá con una valoración de la empresa que habrá sido realizada en el contexto técnico de dificultad que hemos comentado y bajo sus hipótesis propias, sobre las que se añadirán los distintos argumentos no propios de la valoración de cada parte negociadora y el grado de interés, urgencia o conveniencia en vender o comprar respectivamente.

Una buena valoración, realizada por profesionales expertos y con la adecuada metodología y calidad, es muy valiosa en esta fase de negociación ya que permite argumentar con solidez los argumentos que sustentan la posición negociadora de cada parte al derivar la discusión no a la mera confrontación de pura fortaleza negociadora (las ganas o necesidad de vender o comprar), sino a discusiones de tipo técnico como los métodos de valoración empleados, las hipótesis adoptadas en cada método, las estimaciones de parámetros concretos, el peso otorgado a cada método en la valoración etc.  El llegar a acuerdos de consenso entre las partes sobre estos aspectos nos llevan directamente al precio razonable de equilibrio en la transacción.

En definitiva, la valoración de una empresa, si se hace bien, es un proceso arduo y complejo que tiene más que ver con un arte que con una ciencia y en el que el conocimiento y experiencia del valorador es clave. La valoración es el arma principal con el que la parte vendedora y compradora en una transacción empresarial de cualquier tipo combaten por lo que sería de necios, como decía Machado: no acudir a la batalla con la mejor arma de la que podamos disponer.

 

José Manuel Castellano

Valorador de Empresas en Sociedad de Tasación

Presidente del  chapter de Analistas valoradores de empresas del Instituto Español de Analistas Financieros



Escrito por el equipo de ST Sociedad de Tasación
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